Raúl Herrero

Generación.Net


En Ciudad Rodrigo, durante la XII feria de teatro de Castilla y León, tuve la oportunidad de asistir a la representación de la obra Miss Morgue de Zanguango Teatro. Y, al revés y de revés a lo que suele hacerse en estos casos, comenzaré este texto por el desenlace o la conclusión: la pieza me resultó muy interesante y me satisfizo tanto la obra, creación colectiva de los miembros de la compañía, como la resolución de la misma.

Mis Morgue una fábula sobre la soledad, la oposición entre muerte y vida, así como una reflexión sobre el significado “profundo” de tales palabras. Mas en escena asistimos tanto a la muerte como a la resurrección, pero a una resurrección alejada de lo dogmático, de Cristo, de Osiris, de los mitos solares, al  menos en principio; una resurrección cercana a los cadáveres desenterrados y reconstruidos cachito a cachito (mío, pedazo de cielo que Dios creó…) del doctor Frankenstein. Durante la primera parte de la obra se escucha la banda sonora del film Frankenstein (1931) de James Whale . No sé si también han introducido algún extracto de La novia de Frankenstein (1935), pero no lo descarto. Así cuando se nos presenta un sujeto en un depósito de cadáveres y la llegada de nuevos cuerpos. a luz de los extractos auditivos del film mencionado, la imaginación de cada espectador añade a lo que sucede sobre las tablas su propia cosecha de miedos y premoniciones. La interrelación sonora con la acción es sobresaliente y la música original del montaje a cargo de Oscar García Villegas resulta soberbia.

El acercamiento a la muerte que propone Zanguango Teatro constituye una osadía necesaria. Vivimos en una sociedad de sublimación científica que esteriliza la muerte al tiempo que la transforma en un tabú, en algo que atemoriza al individuo más que en cualquier otra época. La juventud, la lozanía perpetua, como la cárcel ídem, se ofrecen como ideal estético. Incluso empieza a trasladarse el temor y el silencio sobre la muerte a la vejez. En la vida cotidiana aumentan los detalles que promueven una falsa precaución ante el hecho de la senectud que ocultan vergüenza y temor.

También desde un punto de vista antropológico se evita toda mención a la muerte. Así la gente palidece por miedo o aprensión cuando en una reunión social se habla de la hermosa costumbre de algunos pueblos de la práctica del canibalismo ritual de los cuerpos de  familiares fallecidos, o de su momificación y exposición permanente como miembros del grupo… La muerte y todo lo que la rodea se emparenta con personas morbosas, como si al establecer cualquier vinculación con algo común a todos los mortales, se cometiera un atropello o un gesto de mal gusto.

Con una elaborada dramaturgia en Miss Morgue se ofrece una lección de la pantomima –en el mejor sentido del término, en el que tanto defendió, por ejemplo, para su cine mudo Charlie Chaplin— a través de la piel de tres estupendos actores: Raúl Camino, Begoña Martín Treviño y Miguel Garcés.

La escena de pesadilla donde se recrean los males de la “vida” y las tensiones a las que nuestra sociedad somete a un individuo recrean una narración vital y con abundantes logros plásticos. Las sombras de la locura que desprende este fragmento de la pieza también resultan muy acertadas. En la plasticidad reside otro de los puntos fuertes del montaje con elementos que van desde los ambientes que me recuerdan a Alicia en el país de las maravillas (como el extraordinario acierto del hombre cerdo) hasta delirios propios de una película underground, etc.

Desde mi butaca pensaba en la novia cadáver, en la de Tim Burton y en la de Espronceda; en el romanticismo más desgarrador, en la novela gótica, en las pinturas de Gutiérrez Solana y de Anglada Camarasa, en las danzas de la muerte de la peste negra, en la fiesta de los muertos de México, en los libros de la buena muerte medievales, etc.

El final rotundo de la pieza, a mi juicio, rasga el velo de la tensión y muestra el sentido de festividad que ciertas culturas y grupos sociales encuentran en la muerte: desde los fanáticos religiosos hasta los evangelistas más raciales, o los hermosos entierros bajo el palio de jazz de Nueva Orleáns… Y no pude evitar que repicara en mi cabeza el aforismos de Raimundo Lulio: “Toda muerte que procura la vida, es buena muerte”.

En definitiva un servidor recomienda a Miss Morgue como la próxima miss España. ¿Tal vez la gripe A nos ayude a todos?

2 respuestas to “Miss Morgue”

  1. totalmente de acuerdo, de los mejores espectáculos que se pudieron ver este año en la Feria de Ciudad Rodrigo. Un trabajo fino.

    rubcho

  2. Vaya, qué optimismo. Yo también lo vi y recalqué más las “fuentes de inspiración” que lo original de la obra. De hecho, mi entorno y yo no coincidimos en casi nada de lo escrito en esta “crítica”. Está claro que, sobre teatro, seguiremos premiando lo que debimos dejar de premiar hace 25 años (y que ya era viejo en Catalunya, por ejemplo) y ninguneando ahora lo que otros premiarán dentro de 25 años.

    De paso por aquí

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