Raúl Herrero

Generación.Net


Al final la familia del poeta tenía razón. El intento de exhumación de Federico García Lorca se ha transformado en una búsqueda insomne de manos epilépticas, palmo a palmo, metro a metro. El desencuentro del cuerpo se añade a la  desaparición de los restos de otros grandes del arte españoles: el cráneo de Goya, la volatilización cuasi mística, pues se le suponía enterrado en un convento de las hermanas Trinitarias y descalzas, del cadáver de Miguel de Cervantes, incluso leí en cierta ocasión que parte de los restos de Antonio Machado desaparecieron (ignoro si se trata de leyenda o verdad, si alguien conoce algo sobre este asunto, nos hará a todos un favor añadiendo los datos pertinentes en los comentarios)…

En el barranco de Víznar se propaga un mar de boquetes  y los especialistas, tanto los rastreadores como los voceadores, más parecen buscadores de petróleo que de un hombre asesinado. Desde un extremo político surgen nuevas teorías sobre el emplazamiento del cadáver, primero fueron las burlas, luego las exigencias y así unos aprovechan el desacierto de la búsqueda y combaten al gobierno. Unos y otros han convertido la muerte de un poeta, como todo donde últimamente posa las manos manchadas la política de este país, en una corrida de toros post mortem. En ella  se enfrentan varios diestros de partidos contrarios contra un animal muerto y desaparecido.

Hace años, en una boda en Granada, un profesor de literatura me reprendió porque le confesé mi admiración por la obra lorquiana. “Casi todos los que juran admirarle han pasado de la lectura de “La casada infiel” y del “Verde que te quiero verde…”  “Por mi parte  sólo he devorado la Obra Completa de Lorca publicada por Aguilar y la posteriormente ampliada, en varios tomos, en Círculo de Lectores”, le repliqué. Pero este profesor tenía razón. La generalidad  de lo que enarbolan la figura y la obra de Lorca lo hacen  por motivos políticos, o de cualquier otro signo, pero casi nadie, salvo  algunos escritores y lectores furibundos, se ha ocupado de su poesía, de su obra literaria y de su vida (la formación de “La Barraca”, la riqueza de sus propuestas artísticas desde las pictóricas a sus conferencias, sus amistades, la recuperación del cancionero popular, etc.).

Si bien la condición de republicano de Lorca tuvo trascendental incidencia en su asesinato, también la tuvo, y no en menor grado, la envidia, esa carcoma tan española a la que he visto cara a cara en otros momentos y contra otros poetas. Al parecer el orgulloso fantoche que detuvo al poeta, un  tal Ramón Ruiz Alonso, despreciado incluso por los compañeros de su partido, la CEDA;  era un antiguo adversario de la familia, un mediocre que participaba, como otros, de cierto disgusto cuando leían en la prensa local que volvía a casa de su familia el ya entonces  famoso poeta Federico García Lorca. También influyó, al parecer, que el cuñado de Lorca fuera entonces alcalde de Granada.

Esa misma envidia fusila hoy a ciertos escritores y artistas  empleando el método del ninguneo, que aísla y entierra desde la tribuna de los suplementos culturales, de las tertulias radiofónicas, de las ayudas oficiales y, también, de la mentira y la patraña. Pero aún me provoca más vergüenza la adhesión lorquiana de estos grupos de poetas y literatos que organizan y dictaminan, como si se tratara de un cortijo, los certámenes, ayudas y publicaciones poéticas del sur de España. Todo esto con el nombre de los poetas andaluces muertos en la boca, como si realmente si los poetastros inquisidores de hoy fueron sus sucesores, aunque sus  actitudes, que transforman a la poesía en facciones y en guerrillas, se encuentran más próximas a los métodos de los que asesinaron a Lorca, que a la fraternal amistad que unió a escritores de diverso signo político hasta la llegada de la guerra civil.

La política fue el contexto en que se produjo la muerte de Federico, pero la envidia, hija de la ignorancia y la mediocridad,  fue el impulso que la ejecutó. Al igual que ocurrió con su amigo José María Hinojosa, destacable poeta, fundador de la revista Litoral, junto con Manuel Altolaguirre, fusilado en Málaga por un grupo de milicianos que afirmaron ser anarquistas el 22 de agosto de 1936. A ambos poetas se les fusiló con tres días diferencia. Y me pregunto, ¿no serán las guerras una excusa para descargar a la sociedad de pensadores y poetas? Al fin y al cabo los creadores suelen dar la lata y , por lo general, resultan muy molestos en cualquier régimen.

Por favor, en medio de este “corral de la Pacheca” en que los políticos y sus acólitos, para los que todo vale en nombre del poder,  han transformado la búsqueda del cuerpo del poeta de FuenteVaqueros, lean a Lorca, allí lo tendrán en cuerpo, sangre y alma. La importancia de Lorca reside en la renovación del teatro español (no sólo en los dramas de tema andaluz sino, sobre todo, en obras como El público y Así que pasen cinco años), en la reelaboración de la escritura popular (que tantos desastres causó en algunos libros de Rafael Alberti) y en su personal interpretación de las llamadas vanguardias de su época en poemarios como Poeta en Nueva York, o en el poema suelto, dedicado a la muerte de la madre de Charlot, recuperado no hace muchos años.

No permitan, mis inteligentes lectores,  que los zánganos les oculten contemplar al poeta. El parque dedicado a su memoria debe continuar siendo homenaje y parque para un poeta porque toda persona, familiar o simplemente admirador, tiene derecho a una porción de materia donde llorar a sus muertos, con independencia de las circunstancias y del signo político al que pertenecieron.

Antonio Machado y Federico García Lorca

2 respuestas to “Lorca, el cadáver invisible”

  1. La política partidista lo envenena todo, incluso hasta la memoria y la muerte de los creadores, poetas y pensadores, y hasta un extremo sólo posible en España.
    Enhorabuena Raúl por el artículo.

    Antonio

  2. Como muy bien me comentaba en varias ocasiones un Gran Amigo “Lorca tubo suerte hasta que le mataran…” y sigue teniendo suerte porque no lo encuentran y la leyenda sigue vida ¿donde esta Federico? En mi humilde opinión es mejor dejar las cosas como están y dejar que Lorca, este donde este, no sea profanado por un puñado de políticos, deseosos de que en esta España en la que vivimos este siempre envuelta en un circo y sigamos siendo la “España de charanga y pandereta”.
    Mi mas sincera enhorabuna al señor Raúl Herrero por este gran articulo.

    El Paco

Deja tu respuesta