“El 40% de los españoles no lee ni por asomo”. Este titular lo encuentro en varios periódicos. Y aunque a mí me parece una noticia excelente resulta que la prensa lo comenta como un hecho terrible. ¿Sólo el 40 por ciento no humedece sus ojos en las letras? ¡Tantos leen! A juzgar por la situación del mundo, las ventas de los libros y la desidia cultural que reblandece al propio calor, un servidor creía que los no lectores ascenderían no a los cielos sino al 99 % y no de los españoles, sino de la raza humana.
Recuerdo, es un decir, porque un servidor no tiene nociones de su existencia por aquel entonces, a los vates que recitaban de memoria poemas, gestas y avatares de un pueblo, de una civilización… Recuerdo a ese ciego en la acrópolis de Atenas con la espalda algo encorvada en sentido inverso, es decir, en dirección al cielo, mientras su boca pespuntaba la ira de Aquiles, los viajes de Ulises, los amores de dioses, hombres y de los elementos… Los que escuchaban tales historias, los que conversaron con filósofos como Antístenes, Platón, Sócrates o Diógenes se encontraban más próximos a la raíz de lo que llamamos cultura o conocimiento que la mayoría de los indígenas que hoy pululan por universidades y otros lugares de esparcimiento público.
Y otra cosa, ¿qué leen los que no forman parte del 40 por ciento? Porque uno puede dedicarse a rumiar la prensa, a dormitar con el best-seller de turno, a sentirse acompañado en el retrete con una revista del corazón, o a morir en vida con una de esas tediosas lecturas obligatorias de instituto que incrementan (o hinchan) las ventas de algunos autores hasta que la enfermedad, o la hinchazón, alcanza tal purulencia que la enfermedad se extiende por la sociedad y el susodicho autor venden los libros por impulso de los propios lectores. ¡Todo apoyado en la muleta de la publicidad literaria y aerostática si fuera menester!
Y es que, claro, primero en la vida uno tiene que formarse, que estudiar (¿es preciso que les hable del analfabeto latente que se oculta tras todo licenciado –vidriera- ?) , tras el esfuerzo conviene divertirse con la televisión o, mejor aún, con las desternillantes lucecitas de los garitos; además está el trabajo que ocupa el 80 por ciento del tiempo de muchas personas, luego es preciso dormir; con el calor, desde luego, de lecturas ni hablar, o, en todo caso, cosas ligeritas, como la ropa… Y en invierno, con todas las obligaciones, ¡para leer estamos…! Y además, que uno se duerme cuando se recuesta con un libro entre otras cosas porque está acostumbrado a las imágenes de una extrema violencia (me refiero a la velocidad de las mismas). Por otro lado que pensarían nuestros vecinos si nos encontraran acostados con un libro, luego vienen las murmuraciones y los cotilleos. Y, ¿quién va a leer algo en esas condiciones? Por otra parte el deporte es muy sano y tiene una ventaja: no es preciso saber leer para practicarlo.
Un editor ha tenido una gran idea según supe por la prensa. Ha publicado un libro en un rollo de papel higiénico. ¡Eso sí! La leyenda de Jack Kerouac nos cuenta que él escribió el manuscrito de On the Road en tal soporte. No lean señores, ¿para qué? Así se evitarán problemas de pensamiento, palabra y obra. Ser idiota no puede ser tan malo, sino miren a su alrededor. Ya lo dijo un no-amigo mío. Pero ¡si se puede ser feliz sin leer! Lo que me suscitó la siguiente duda: si se la vida consiste en ser feliz, ¿por qué no nos sometemos en masa a una trepanación cerebral y asunto resuelto?

Tengo una mala noticia, por experiencia propia, te aseguro que también existen los doctores-analfabetos, ¿qué será lo siguiente? ¿Catedráticos?
¿Cómo lo ves, hay esperanza de cambiar esto?
Deyza
Julio 19th, 2009
¿Esperanzas de cambiar esto? En primer lugar a mi entender habría que modificar el sistema educativo desde la raíz. Es decir, ¿pra qué se estudia? ¿Cuál es el objtivo? ¿Un reconocimiento social o el incremento de una vocación y de unas cualidades?
Raúl Herrero
Julio 20th, 2009
Pones el dedo en la llaga…
El otro día hablaba con un recién aprobado que será maestro de primaria a partir del próximo curso y me decía con un punto amargo que la Junta presume de tener colegios bilingües y los profesores encargados de convertir a los niños en bilingües no son capaces de mantener una conversación simple sin errores -se ponía el como ejemplo-. Por no hablar del acento… Añadía que la medalla del bilingüismo lucía brillante y ufana en las solapas de los responsables autonómicos… y en la de los padres!
Sin ser exactamente el tema de tu entrada creo que ilustra muy bien el caso: estamos haciendo trampas al solitario, y estamos orgullosos de ello.
Os recomiendo también esta entrada del blog de JPQ así como los comentarios.
Armando
Julio 20th, 2009
Me parece muy acertada tu entrada Armando. ¿Cómo se puede ser licenciado en Filologia Hispánica -rama de literatura- y no conocer a Fernando Arrabal o a Manuel Altolaguirre? Pues los hay. ¿Cómo se puede ser licenciado en filología inglesa y afirmar con orgullo que jamás ha leído siquiera una obra de Shakespeare? Pues lo hay. ¿Entonces?
Raúl Herrero
Julio 20th, 2009