Raúl Herrero

Generación.Net


untitled

Otras generaciones hubo que combatieron en las trincheras, que fueron solapadas por el pernil de la autoridad, o que se enfrentaron a mil y una incomodidades y obstáculos de todo pelaje, o que, simplemente, decidieron poner flores en el cañón de los fusiles (como ocurrió en los años 60 del pasado siglo). El descontrolado uso de las drogas y la adulteración de las mismas terminaron con esas ínfulas que generaciones de otros tiempos pergeñaron. Posteriormente la creación de un ideal  al que se denominó “éxito” y la necesidad de “aceptación social” se ocuparon de amaestrar a los ciudadanos del bienestar. Pero por si todo eso no fuera suficiente la falsa idea de progreso utilizó el siguiente eslogan: “Fórmese usted (y confórmese) y le aseguramos un porvenir brillante (diamantino y acrisolado)”.

Sin que siempre se diga abiertamente se hizo creer a una generación (o ya a varias generaciones) que la formación les haría libres. Para algunos esa prebenda incluía la aceptación de los desatinos del sistema. De este modo se crearon universidades privadas que, gracias a sus contactos, prometieron que de entre sus fieles todos saldrían “colocados” (es decir con un puesto de trabajo, no me malinterpreten).  Y alguien se hizo rico. Luego, por esas cuestiones de la competitividad, una mente privilegiada esputó: “Es preciso complementar la formación con la especialización en ciertas materias”. Y surgieron los másteres, así los primeros de esa generación tuvieron un lugar donde trabajar y alguien ganó unos dineros”.

Pero, ¡oh dioses del infortunio!, cuando esa generación salió al mundo entre algodones y visillos, cuando descubrieron que había cien millones de “clones” como ellos, cuando comprobaron que desenvolverse en las relaciones laborales no es exactamente lo mismo que el estudio, cuando comprobaron que el talento no se compra con el nombre de la universidad a la que uno pertenece, ni con el papel de un título que puede ponerse con una chincheta en la pared, se levantaron los pilares de una generación de “frustrados”.

Y así, esa sopa que agrupa ingredientes a los que se les prometió todo, a cambio de un canon, y que ahora descubre las orejas del engaño,  ahora regurgita a un buen número de personas cuya profesión se reduce a las aspiraciones esquilmadas, al estudio sin objetivo, a las mieles que se les niega… Porque se les dijo: “Yo tu dios, el sistema, te aseguro que si te sacrificas y aceptas todo te otorgaré la gloria”. Y ese mismo Dios ahora les ha negado a sus siervos la participación del éxito y se encuentran entre los parias, a los que antes repudiaron y a los que miraron por encima del hombro. ¿Y ahora qué?

¿Podrán  esos seres de  mente artificial comprender que el conocimiento es un bien en sí mismo aunque no les conduzca a la gloria “terrenal”?  ¿En algún momento  esas mentes deformadas por “el beneficio inminente y a ser posible pecuniario” comprenderán que sólo la verdad y el placer de la cultura les hará libres? ¿Serán capaces de crearse un juicio crítico? O será esa generación de atrincherados y engolados la que nos lleve al fin de los tiempos…

Moralejas:

  • 1. El talento no se obtiene (y salvo excepciones tampoco se educa).
  • 2. No te creas todo lo que el sistema te promete.

6 respuestas to “El estudiante (Grandes falacias de hoy, II)”

  1. Yo tu dios, el sistema, te aseguro que si te sacrificas y aceptas todo te otorgaré la gloria

    ¿¿Si te sacrificas?? Quién se ha sacrificado?

    Y una cita de Punsent:

    El talento sin diez mil horas no es nada

    Armando

  2. La idea que deseaba exponer consiste en la necesidad de no ver, no oír y mantenerse callado, no participar en nada estridente, como las artes o el teatro, seguir las líneas que marca el sistema (ése es el sacrificio) a cambio supuestamente de tener un perfil “positivo” para la competición que el sistema propone. Competición que además pienso que es una “cortina de humo”. Está claro que desde mi punto de vista aceptar “las reglas del juego” te anulan como individuo. Espero haberme expresado mejor y muchas gracias por tu mensaje.

    Raúl Herrero

  3. Estoy de acuerdo contigo y la cita de Punset. Y de hecho tenemos muchos ejemplos de creadores que con mayor esfuerzo podrían haber dado obras de más calidad. No creo que con el talento el esfuerzo deba dejarse de lado. Pero ¿qué son diez mil horas sin talento? ¿Cuántos se esfuerzan y no son Mozart, ni Coppola, ni Miguel Ángel, ni siquiera un pequeño artista, creador, pensador o ideólogo de medio pelo? Mil gracias

    Raúl Herrero

  4. Hoy en día la juventud no se esfuerza en el estudio por la búsqueda del conocimiento sino por la obtención de un éxito profesional y económico, el sistema cuando estudiaban así se lo prometió, siempre y cuando siguieran las reglas del juego y no lo cuestionaran. Eestamos disfrutando de libertad intelectual vigilada y el autodidacta que antes era valorado muy positivamente hoy en día suele ser silenciado y ocultado pues pone en peligro la eficacia del control a la libertad al que antes me he referido. Estoy de acuerdo con tu artículo Raúl, sigue siendo políticamente incorrecto.

    Mª José

  5. Si, tu idea está muy clara, era sólo por meter un poco la cuña y el enlace de Punset, que considero imprescindible.
    ;)

    Por cierto que los ejemplos que has puesto son todos de los de diez mil horas y la piel, literal, en el intento. Déjame, a mi que no tengo el talento, que me consuele con las diez mil horas.

    Armando

  6. Me parece muy bien. La cita realmente estupenda y viene al pelo. A ver si establecemos diálogos y así nos enriquecemos todos. Por lo demás habría que preguntarse qué es el talento y ese jardín… En fin, también dijo Mozart en una carta que estamos en este mundo para aprender industriosamente los unos a los otros y empeñarnos en que triunfen siempre las ciencias y las bellas artes. Gracias de nuevo por intervenir. Y eso de la falta de talento, hombre, para pegarse ese tiempo metido en algo algún talento tendrá uno que tener, aunque sea el de la constancia.

    Raúl Herrero

Deja tu respuesta