Durante el encuentro entre Javier Esteban y Fernando Arrabal, el autor se identificó con un “chivo expiatorio”, si bien en sentido positivo. Nos habló de las excepciones y excepcionales circunstancias en las que se ha visto envuelto: un día antes del levantamiento militar del 18 de julio de 1936 su padre ya estaba arrestado en Melilla por permanecer fiel a la república, el franquismo prohibió toda su obra (lo que al parecer da muchos problemas a los estudiosos extranjeros, pues les abruma tal dato, en comparación con otros a los que se les prohibió un poema, unas líneas o una novela), tras la dictadura, resulta que el único en mandar una carta a Franco había sido Arrabal, todos los demás grandes autores de izquierdas y opositores al régimen no habían llegado a tanto, después habló de la “extraña reacción” de ciertos sectores “progresistas” cuando en una entrevista en televisión, antes de recibir el premio Nadal por su magnífica novela La torre herida por el rayo, habló de una aparición mariana que tuvo a los diecisiete años, en la actualidad en diferentes partes del mundo los jóvenes le encuentran y le besan y abrazan, le piden leer poemas que cuelga en la red… También Arrabal mencionó un detalle en el que todavía no se ha incidido lo suficiente, a mi juicio. Siguiendo su teoría del Chivo expiatorio, de su vida excepcional (en el sentido de excepción y de interesante) puso de manifiesto que ha sido el únivo escritor y artista que pasó por el movimiento surrealista, al tiempo que festejó con los beatniks, que fundó un movimiento propio, junto a Topor y Jodorowsy, como el Pánico, nombrado Trascendente Sátrapa por el Colegio de Patafísica de París, enmarcado en el movimiento del teatro al que absurdamente se llamó del absurdo, si bien tenía más en común con el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, que se interesó por el marginal movimiento postista de la España de postguerra y que conoció y convivió intelectualmente con Tristan Tzara (fundador del dadaísmo), André Breton (fundador del surrealismo), Dalí, Andy Warhol, Picasso, Buñuel, John Lennon y Yoko Ono, Jim Morrison, Marcel Duchamp, Mandelbrot, Samuel Beckett, Allen Ginsberg, Ionesco, Cioran, Erns Jünger, Jorge Luis Borges, Camilo José Cela, Louise Bourgeois… En su libro Genios y figuras el lector interesado encontrará retratos de algunos de los personajes citados.
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