Raúl Herrero

Generación.Net


Archive for Mayo, 2009

Otras generaciones hubo que combatieron en las trincheras, que fueron solapadas por el pernil de la autoridad, o que se enfrentaron a mil y una incomodidades y obstáculos de todo pelaje, o que, simplemente, decidieron poner flores en el cañón de los fusiles (como ocurrió en los años 60). El descontrolado uso de las drogas y la adulteración de las mismas terminaron con esas ínfulas que los jóvenes de otros tipos pergeñaron. Posteriormente la creación de un ideal al que se denominó “éxito” y la necesidad de “aceptación social” se ocuparon de amaestrar a los ciudadanos del bienestar. Pero por si todo eso no fuera suficiente la falsa idea de progreso utilizó el siguiente eslogan: “Fórmese usted (y confórmese) y le aseguramos un porvenir brillante (diamantino y acrisolado)”.

Sin que siempre se diga abiertamente se hizo creer a una generación (o ya a varias generaciones) que la formación les haría libres. Para algunos esa prebenda incluía la aceptación de los desatinos del sistema. De este modo se crearon universidades privadas que, gracias a sus contactos, prometieron que de entre sus fieles todos saldrían “colocados” (es decir con un puesto de trabajo, no me malinterpreten). Y alguien se hizo rico. Luego, por esas cuestiones de la competitividad, una mente privilegiada esputó: “Es preciso complementar la formación con la especialización en ciertas materias”. Y surgieron los másteres, así los primeros de esa generación tuvieron un lugar donde trabajar y alguien ganó unos dineros”.

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En este mundo traidor donde nada es verdad ni es mentira, las autoridades y los que portan sombreros puntiagudos (frigios) de mandamases han considerado lo conveniente que resulta la potenciación de dos enormes virtudes: la colectividad y el individualismo, que es como estar en misa y repicando, o como enarbolar la bandera de un país impresa sobre la de otro, o como servir a dos amos, o como cantar y eructar al tiempo

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Curiosamente la primera vez que su personaje de vagabundo, en España Charlot, apareció en la pantalla, en el corto Kid Auto Races in Venice -“Carreras sofocantes”-, lo hizo como un hombre huraño, desagradable y con rasgos evidentes de crueldad. La evolución del personaje en posteriores cortos y largometrajes transformó al personaje en el peleón, inconformista, pero agradable, cargado de humanidad y, sobre todo, bondadoso, hasta el extremo de poner en peligro su propia supervivencia. “El vagabundo” es el primer personaje cinematográfico que, con una popularidad mundial, perdura durante generaciones. Al público del momento, como al de ahora, le cautiva esa figura que se enfrenta a los símbolos del poder y de la legalidad, de lo establecido. Fascina ese hombre insignificante que afronta empresas que le sobrepasan (tanto por el tamaño de sus antagonistas como por el cariz de las dificultades a las que se enfrenta). En ciertas actitudes del personaje de Chaplin encontramos a alguien que actúa como un “anarquista” por necesidad.

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