El autor dedica esta entrada a “Vítor” (no confundir con von Frankenstein) obligado por las “inteligencias” de hombres respetables a leer todos y cada uno de mis artículos, ¡pobrecito!

I wanna be around to pick up the pieces / When somebody breaks your heart [Quiero estar por aquí / para recoger los pedazos / cuando alguien rompa tu corazón / como tú rompiste el mío] Let’s see if the puzzle fits so fine / And that’s when I’ll discover that revenge is sweet [ Entonces comprobaré si tus piezas encajan bien / Y descubriré lo dulce que es la venganza]. Estos versos pertenecen a la canción “I wanna be around”, música de Sadie Vimmerstedt y letra de Johnny Mercer. Su melodía es sobresaliente, pero la letra, en inglés, resulta efectiva y demoledora, escrita en 1959, en una época en que (con permiso de Cole Porter) no se trataba el amor con tanta dureza, o, al menos, cuando casos como el presente eran la excepción a la regla melosa, en especial si el tema se incluía en un disco destinado al gran público. Por supuesto, todos los grandes del jazz, de los crooners, que hoy consideramos padres del fraseo de los cantantes melódicos del pop o del rock, se saltaron esta regla junto con lo convencional de su época.
Fue Johnny Mercer, también con permiso de Cole Porter, el mejor letrista de la época dorada de las canciones que, en la actualidad, forman parte del gran libro de canciones norteamericano. En ocasiones Mercer realizó la letra al tiempo que el músico trabajaba en la pieza, en otras circunstancias, como en Satin Doll, proporcionó una letra a temas instrumentales, o realizó adaptaciones al inglés de letras compuestas en su versión original en otras idiomas.
Esa época dorada de las canciones norteamericanas comienza en los años 20 con potentes bandas como Duke Ellington y compositores de la talla de George Gerwhin e Irving Berlin ya asentados en el éxito (los dos anteriores forman junto a Cole Porter, otra vez, la tríada con mayor número de canciones grabadas en cualquier soporte y por artistas diversos desde Ella Fitzgerald o Al Jolson, hasta U2 o Sidney O’Connor, entre otros: los Beatles son los únicos que, con menos años, les hacen sombra.).
En esa época se compusieron abundantes canciones de “usar y tirar”, rutinarias, para afrontar las demandas de la radio, de los cantantes que empezaban a despuntar con los viejos discos de 45 rpm, en el comienzo de la industria musical, de los musicales y del cine sonoro (tras el estreno, en 1927, del film El cantor de Jazz con el inquebrantable Al Jolson como protagonista). Pero, a pesar de la cantidad, lo sorprendente es la calidad de ese material. La discografía completa de Sinatra se nutrió en un 75% de las canciones de esa época, o de compositores de esa generación aún en activo hasta finales de los 60, o de autores o arreglistas que seguían el esquema de composición, como Quincy Jones, de la época dorada; por tanto el catálogo de Sinatra puede citarse como un referente, una antología de los grandes temas de ese período, con piezas melosas, pero también con canciones fuertes, enfermizas, rotundas y hasta descaradas.
En algunos casos, como en la citada “I Wanna be around”, comprobamos que el deseo de venganza que mueve al protagonista de la historia le lleva a practicar un cinismo absolutamente contemporáneo, sin duda, esa canción, como muchas de ese período, podrían haberse compuesto hace un par de días, no han perdido su contundencia. En mi opinión, pocos temas pueden hacerle sombra a “I Wanna be around” a la hora de adentrarse en el desamor y el deseo de venganza. Un servidor, sin esforzarse, puede recordar al menos dos ó tres momentos en los que la hubiera entonado con desgarbada voz. El tema lo popularizó Tony Benett, quien, por cierto, lo ha vuelto a grabar recientemente, junto a Bono de U2, para el disco Duets II An American Classic.
Frank Sinatra, famoso por su interés en los arreglos orquestales y las letras de las canciones que incluía en sus discos, como ejemplo de exigencia recuerdo que, tras una primera lectura de su mítico tema “My Way”, no dudó en calificarlo de “hortera”, como todos sabemos, a su pesar, esta canción se convirtió en una de sus imprescindibles, gracias al éxito que alcanzó entre el público, para sorpresa y desagrado del intérprete; pero volviendo a la canción “I Wanna be around”, Sinatra la grabó, con arreglos de Quincy Jones, arropado por Count Basie y su orquesta, en Los Ángeles el 9 de junio de 1964, en una interpretación, en mi opinión, superior a cualquiera de las anteriores y posteriores, tanto por el fraseo del cantante, como por la fuerza de la orquesta y la excelencia de los arreglos.
Sin embargo, el cantante favorito de Johnny Mercer siempre fue Fred Astaire, cuya forma de cantar a un servidor siempre le ha hipnotizado. Lo mismo le sucedía a Cole Porter (otra vez), quien tenía a Fred Astaire entre sus cantantes predilectos. Y es que el actor y bailarín logró con sus recursos vocales un personal estilo que influyó de manera decisiva en los cantantes que después vinieron.
Todo lo anterior, en verdad, venía al caso con el propósito de homenajear al hombre que compuso la letra de más de 1500 canciones. Y, en muchas ocasiones, como en One for my baby (una de las canciones distintivas de Sinatra), Drinking again, Moon River, Blues in the night o Come rain Or Come shine con un dominio del ritmo, de lo sentimental sin caer en el sentimentalismo y con un aliento poético que lo encumbran como uno de los mejores poetas de su generación, sin necesidad de haber publicado, que sepamos, un poemario en su vida.
Su llegada a Nueva York en 1928, con 19 años, cuando el jazz y el blues se encontraban en plena ebullición, sin duda otorgaron alentonces joven Mercer, los ambientes, los músicos y los talentos suficientes para que fructificara su maestría.
El lector interesado en Mercer encontrará en Wikipedia más datos sobre este letrista y sus logros, sus cuatros oscars a la mejor canción original, cofundador de la legendaria discográfica Capitol records, su dueto con Bring Crosby…